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Mapa Sonoro Isla Maciel

Isla Maciel – Avellaneda – Provincia de Buenos Aires

Se sugiere el uso de auriculares

Registros sonoros realizados por estudiantes de 2° a 4° año de la Escuela de Educación Secundaria N°24 de Isla Maciel

Registros fotográficos realizados por Sira Nassoko, Camila Juáres, Raúl Del Mestre y Pablo Bas

Para navegar el mapa:

  • para desplazarse en el mapa hacer clic y sostenerlo moviendo el puntero.
  • aumentar o reducir la escala de visualización con los signos + y – del mapa.
  • hacer clic en los marcadores para abrir el panel lateral y acceder al reproductor de sonidos e imágenes.
  • para visualizar desde celulares se recomienda modo horizontal.

El Mapa Sonoro Isla Maciel es un trabajo que surge a partir de que un grupo de estudiantes de la Escuela Secundaria N°24 de Isla Maciel, cuyas edades van entre los 14 y los 16 años (de 2° a 4° año), realizó una serie de experiencias de escuchas plasmadas en registros sonoros geolocalizados a lo largo de varias salidas de campo. Lo hicieron a través de prácticas de escucha con el foco puesto en los ambientes y entornos sonoros de los espacios que habitan y transitan diariamente en su barrio, munidos de grabadoras portátiles y celulares. Fue en el marco del Taller de grabaciones de campo y mapa sonoro (TGCMS) en las instalaciones del Museo Comunitario Isla Maciel.

Se realizaron varios encuentros de charlas e intercambio de ideas y motivaciones acerca de las escuchas, los sonidos de los entornos y el territorio entre el grupo y nuestro equipo docente. La premisa fue identificar los espacios de la isla que más les motivaba recorrer considerando los más atractivos, de mayor interés y más representativos e identitarios para el grupo a nivel sonoro. En ellos realizaríamos las derivas en busca de sonoridades que les resultasen significativas para generar las grabaciones sonoras.

Al iniciar las prácticas, además de emplear sus propios dispositivos celulares, lxs chicxs pudieron acceder a grabadoras y auriculares facilitados por el equipo docente para realizar los registros sonoros. Con ellos se vincularon de modo espontáneo e inmediato y naturalmente comenzaron a realizar experimentaciones. La escucha amplificada por auriculares generó perspectivas diferentes a las habituales lo que condujo a la exploración y el descubrimiento de sonidos y acciones sonoras que les motivaba a seguir explorando y generando registros. Así, en cuatro jornadas de encuentros, quedaron registrados ambientes, entornos y paisajes sonoros y diversos sonidos como golpes, pasos, pisotones, movimientos, chirridos, chasquidos, voces, expresiones vocales, risas, ruidos, estruendos, percusiones, caminatas y hasta entrevistas que algunxs se sintieron motivados a realizar.

Este trabajo fue realizado con el apoyo fundamental del Museo Comunitario Isla Maciel, de su Directora Carla Fodor y de su equipo, a través del cual se generó el vínculo con la comunidad escolar de la isla, además de que abrieron las puertas del museo para realizar los encuentros y pusieron a disposición el espacio y su equipamiento; También primordial fue la colaboración de la escuela a través de su Directora Patricia Man, otras autoridades, docentes y preceptorxs y por supuesto, la entusiasta participación del grupo de estudiantes. El proyecto contó con el apoyo clave de la Beca Formadores 2024 del Fondo Nacional de las Artes para la ejecución del proyecto.

Isla Maciel 2025, Crónica

por Raúl Del Mestre

A finales del mes de Mayo comenzamos un taller de grabación de campo en el Museo Comunitario de la Isla Maciel, con estudiantes de la Escuela de Educación Secundaria N.º 24.
La propuesta del taller, a cargo de Pablo Bas, con la participación de Camila Juárez, Sira Nasokko y quien escribe Raúl Del Mestre, era reunir un grupo de estudiantes de la escuela para realizar recorridos por el barrio realizando grabaciones de campo, con equipos portables y celulares, para luego escucharlas y confeccionar un mapa sonoro.
La planificación que Pablo había realizado consistía en retirarlos de la escuela y reunirlos en el Museo Comunitario de la Isla, ubicado en la cercanía, para desarrollar la actividad.
Luego de cumplimentar los requisitos y autorizaciones establecidas por la dirección de la escuela, salíamos con el grupo hacia el museo, caminando cinco cuadras aproximadamente. Ese recorrido ya era parte de la actividad, al menos pude percibir el interés de los alumnos en esta actividad, poco usual y ciertamente especial.
Me sorprendió mucho el conocimiento que tenían los chicos del barrio, y de las personas que saludaban porque se conocían.
El barrio es pintoresco, con sus casas, algunas revestidas de chapa como puede verse en el barrio vecino de La Boca, otras con murales pintados, algunos por los mismos alumnos, y la cercanía al río y los puentes famosos que conforman la postal conocida de La Isla Maciel y La Boca.
Ya en el Museo Comunitario, se presentó la actividad, planificando conjuntamente con los mismos estudiantes los posibles recorridos que realizaríamos para registrar sonidos. La explicación inicial consistió en la presentación de la actividad, escuchando y viendo en la pantalla mapas de lugar. También definir lo que significa la grabación de campo, su utilidad y cómo realizarla desde los equipos celulares que cada uno tenía y además compartiendo nuestros equipos de grabación profesionales. Algunos detalles técnicos fueron explicados, como ajustes de niveles de grabación, orientación y manipulación del equipo y duración de los registros, entre otros. El entusiasmo fue notable desde el primer encuentro, realizaríamos cuatro finalmente según lo planificado.
La directora del Museo Comunitario, Carla Fodor, fue especialmente cálida en el recibimiento de los chicos y el equipo de trabajo, no sólo brindando este lugar, sino también ayudando con todos los elementos necesarios (proyector, pantalla y equipo de sonido). En todos los encuentros preparaba un té calentito para los estudiantes que compartíamos con algunas galletitas. Su amor por la educación y por estos era notable, al igual que el personal de la escuela.
Realizar una actividad de esas características constituye un desafío importante, porque la preocupación por el interés de los participantes es mucha; puesto que al salir del ámbito escolar en un marco de actividad educativa y de investigación, genera incertidumbre a la hora de evaluar las estrategias a aplicar. Estas tienen que arrojar resultados valiosos para los chicos y para el ámbito educativo escolar.
A favor de esta idea está el hecho de que retirarlos de la escuela por un momento, planteándoles una actividad diferente a la cotidiana, estimula una atención distinta, la cual bien aprovechada se traduce en un trabajo productivo.
Los estudiantes expresaron un interés particular en los puentes, al verlos en el mapa que Pablo les mostraba, en el inicio de la actividad , haciendo referencia a que luego de grabar sonidos en las caminatas que haríamos, estos podían escucharse en marcadores ubicados en el mismo.

1er. Recorrido
Salimos a realizar registros sonoros en las cercanías del Museo Comunitario (donde se centraban nuestros encuentros).
Ya habíamos verificado que pudieran grabar con sus celulares y con nuestros equipos, los cuales compartiríamos con ellos.
Llegamos al río, en la costanera donde había un pequeño muelle y grúas bastante viejas, de color amarillo y rojo. El paisaje era muy lindo y ofrecía la variedad necesaria para grabar sonoridades muy diversas, ya que escuchábamos ruido de fábricas, alguna embarcación pequeña que pasaba, la circulación de camiones que tocaban bocina al ver la actividad que estábamos realizando y mucho más.
Se mostraron entusiasmados enseguida con la idea de grabar. Realizaron una verdadera exploración sonora. Orientaban los equipos hacia ruidos que detectaban, se desplazaban y grababan sus pasos, golpeaban los hierros de las grúas para registrarlos y por supuesto abundaban las voces y sonidos hablados entre ellos.
Los sonidos grabados se escucharon luego en el museo y se reforzaron algunas consignas ya establecidas.

2do. Recorrido.
Esta vez fuimos hacia la zona de los puentes, pasando por una plaza en la cual realizaron grabaciones del ambiente, las plantas y de las voces.
A orillas del Riachuelo, en un muelle ubicado entre los dos puentes, nuevamente fue protagonista la exploración sonora. Ya habían experimentado cómo se grababa, qué detalles tendrían en cuenta y continuaron entusiasmados.
En esa parte del río hay una canoa que cruza al otro lado y es utilizada habitualmente. Los chicos recorrieron el muelle y grabaron sonidos del metal y de la actividad que se registra en el lugar.
Siempre presente las bocinas de los camiones que pasan por el lugar; estas están presentes en varios registros.
Luego fuimos a hacer una caminata por el puente Avellaneda, y las grabaciones fueron abundantes y variadas: voces, pasos, exploración sonora y mucho más.
De regreso en el museo, nuevamente se escuchó el material grabado y entre otras cosas surgió la idea de visitar en el próximo encuentro el Club San Telmo, porque este al igual que los puentes era de interés para los chicos.
Nosotros imaginábamos al club como una fuente muy rica en variedad de sonoridades, interior reverberante, la cancha con un espacio abierto grande y quizás jugadores entrenando.

3er. Recorrido.
Finalmente, luego de la gestión de Pablo con los permisos correspondientes, fuimos al club San Telmo, previa planificación en el Museo Comunitario, como hacíamos habitualmente antes de cada salida.
Los alumnos estaban especialmente motivados, se sentían identificados en el club, es parte de su historia.
Los primeros registros fueron tomados en la cancha cubierta, y aquí nos dividimos en grupo y comenzaron los registros del lugar. Realizaron grabaciones recorriendo el espacio, hablando, golpeando chapas y experimentando.
Luego al salir algunos fueron hacia la pileta y tomaron registros del agua moviéndola con un lápiz.
En el estadio se encontraba entrenando el equipo de fútbol y entonces tuvieron oportunidad de realizarle una entrevista a un jugador, quien amablemente participó de la experiencia. Estas fueron tal vez las primeras grabaciones de entrevistas que realizaban. Luego harían otra en la calle al pasar por un frigorífico, con los trabajadores.
Mientras tomaban los registros con el jugador, otros grababan sonidos del ambiente, subiendo a la parte más alta de las tribunas y recorriendo el lugar.

Otra vez en el museo, mientras compartimos el té con galletitas, se escucharon algunos registros, compartiendo ideas de la experiencia vivida, cómo les impactó la actividad y que se llevaban de todo lo realizado.

“La famosa Isla Maciel”

por Camila Juárez

Durante cuatro encuentros participamos, junto a mis compañeros Raúl y Sira, en el proyecto de grabación de campo y mapeo sonoro coordinado por Pablo Bas en la “famosa Isla Maciel”, como la llamaban reiteradamente los propios estudiantes cuando charlábamos. El proyecto se realizó con adolescentes del secundario de la Escuela de Educación Secundaria Nº 24 y hacíamos los encuentros en el Museo Comunitario de la Isla Maciel dirigido por Carla Fodor.

En cada encuentro llegábamos al Museo —un espacio que alberga artistas, exposiciones y actividades diversas— y preparábamos la sala dispuesta con sillas rescatadas de una antigua sala de cine: conectábamos parlantes, cables, proyector y colgábamos un mapa físico del barrio. Luego caminábamos hacia la escuela, donde nos esperaban alrededor de quince estudiantes, junto con la directora, la vicedirectora y Susy, la preceptora que nos acompañó en todas las travesías sonoras. Desde allí regresábamos al Museo para iniciar la jornada: compartíamos la propuesta del día y salíamos al punto geográfico elegido junto a los jóvenes que grababan en esos lugares de la isla. Al volver al Museo, Carla nos ayudaba afectuosamente a armar un té caliente con galletitas para seguir la clase, escuchar lo registrado y conversar sobre los sonidos, sus significados y las sensaciones que habían despertado.

A veces, en esos recorridos o durante los encuentros en el Museo, lxs chicxs grababan entrevistas entre ellxs, exploraban texturas y superficies con las grabadoras o sus celulares, arrastraban hojas secas para escuchar su sonido, golpeaban caños, arrojaban piedritas, registraban la bocina de un camión mientras lo saludaban o el cruce de una canoa por el Riachuelo. Caminábamos por dentro del Puente Avellaneda, entre escaleras, risas, pasillos reverberantes, golpes y traqueteos, rodeados de carteles en desuso, pintadas políticas y murales coloridos. Los sonidos del entorno se mezclaban con el de una camioneta que vendía verduras, las paradas de colectivos, el sol de la mañana, los entrenamientos en la cancha del Club San Telmo, y el rumor distante de las grúas y las máquinas de construcción.

Fueron encuentros nutritivos, animados y curiosos, donde la historia del barrio se tejía a través de las orejas de las chicas y chicos que se animaron a participar, incluso entrevistando a alguna abuela. Gracias a la constancia de Pablo, al entusiasmo de los estudiantes y a la colaboración de una red de instituciones, personas e ideas, este proyecto pudo realizarse con verdadera alegría y compromiso.

Barrio hermoso y animado

por Sira Nassoko

Cuando terminó el otoño y comenzó el invierno, mis colegas Raúl, Camila y el coordinador Pablo Bas iniciaron una serie de talleres en la Escuela Secundaria N.º 24 del barrio de Isla Maciel, celebrando reuniones en el Museo Comunitario cercano, dirigido por Carla Fodor. Nuestro objetivo era crear un mapa sonoro de la comunidad en la que los estudiantes han vivido y aprendido, para que tanto ellos como nosotros pudiéramos comprender mejor los paisajes sonoros de Isla Maciel.

Aunque los estudiantes podían usar sus teléfonos para capturar sonidos durante nuestras caminatas sonoras, y así lo hicieron, Pablo, Raúl, Camila y yo a menudo les prestamos nuestros teléfonos o equipos de grabación de campo para que los usaran y explorarán.

Era mi primera vez en Argentina y, por lo tanto, mi primera vez en Isla Maciel cuando realizamos nuestra primera sesión. Me inspira la curiosidad y el humor infinitos de los estudiantes, que fueron muy pacientes con mi español y mostraron un interés genuino en nuestro proyecto conjunto. Cada día en el barrio era vibrante, tanto social como sonoramente y literalmente; todos nos saludaban amablemente a nosotros y a los estudiantes mientras recorremos el barrio, los sonidos de los perros, la gente, los vehículos y la música marcaban nuestros paseos, y los coloridos edificios y fachadas de las tiendas solían estar decorados con arte callejero que detalla el espíritu del barrio.

Los cuatro comenzábamos nuestras sesiones en el Museo Comunitario preparando el equipo para una presentación o demostración. Teníamos un mapa físico de Isla Maciel como referencia, junto con un proyector y altavoces para reproducir sonidos o mostrar nuestros planes para el mapa. Luego caminábamos hasta la escuela para recoger a una docena de estudiantes y hablamos con miembros de la administración de la escuela, incluida Susy, que nos acompañaba en nuestros paseos sonoros. Después regresamos con los estudiantes al museo y discutimos nuestros planes para el día, normalmente decidiendo la ubicación de nuestras sesiones de grabación.

Me encantaba escuchar y experimentar la intuición de los estudiantes durante nuestras sesiones de grabación y debates. Hubo algunas sesiones en las que los estudiantes querían exacerbar los sonidos naturales o artificiales existentes en una zona. Por ejemplo, en el parque cercano con un área de juegos, los alumnos a menudo arrastraban los pies o buscaban palos para arrastrarlos por las hojas y crear un sonido más intenso, utilizaban las estructuras del área de juegos de diferentes maneras para enfatizar el chirrido del metal o seguían atentamente los sonidos de los pájaros. Todos tenían instintos específicos a la hora de explorar los sonidos de los diferentes entornos en los que nos encontrábamos. Tampoco se mostraban tímidos a la hora de interactuar con otras personas durante nuestros paseos sonoros, normalmente saludando a los conductores de camiones para que tocaran el claxon o entrevistando a los futbolistas en un campo cercano.

A través de los ojos y los oídos de los estudiantes, comprendí que Isla Maciel era un barrio hermoso y animado, lleno de historias sonoras. Los estudiantes me enseñaron sobre temas como la contaminación, los vestigios de la dictadura y los diálogos de esperanza que se vivían en el barrio. A menudo, Isla Maciel me recordaba a mi propio barrio en el sur del Bronx. Durante mi estancia en Buenos Aires, fue como mi segundo hogar, y me sentí muy afortunada de formar parte de una comunidad de estudiantes curiosos que tenían un entusiasmo y una energía infinitos por el proyecto. Gracias a Pablo, Camila, Raúl, Carla, Susy y la dedicación de los estudiantes, el proyecto se convirtió en una increíble representación de un momento en el tiempo en Isla Maciel, y realmente espero volver a visitarlo algún día y volver a conectar con la comunidad.

Participantes

Escuela de Educación Secundaria N° 24 de Isla Maciel

Estudiantes de 2° a 4° año: 

  • Agustín Almada, Sara Pinto, Dylan Frías, Maiten González, Brian Franco, Mía Lara Talavera, Santino Vieytes, Xiomara Valiente, Nahuel Thiago Cano, Mía Barrientos, Cristian Godoy, Mayte Piriz, Benjamín Núñez, Romina Barrenechea, Josué González, Bautista Chávez, Benjamín Molina Gómez, Magalí, Alex Aguirre, Nahiara González, Agustín Ojeda, Thiago Sotelo, Tahiel Dueta, Franco Pitingolo, Leandro González, Tadeo.

Directora: Patricia Man

Preceptora Susana Trigilio

Profe de música: Cecilia Galarraga

Museo Comunitario Isla Maciel

Directora: Carla Fodor

Presidente Asociación Civil: Horacio Vañasco

Agradecimiento especial a Fernando Onega y al Club Atlético San Telmo.

Con el apoyo de Beca Formadores 2024, Fondo Nacional de las Artes

Taller de grabaciones de campo y mapa sonoro (TGCMS)

Equipo:

Raúl

Raúl Del Mestre

Guitarrista egresado del Conservatorio de Música Alfredo Luis Schiuma de Gral. San Martín y compositor de música experimental. Nacido en Paraná Entre Ríos, radicado en Bs As desde 1976. Realiza su labor docente en su estudio particular. Trabaja en Grabaciones de Campo, Paisajes Sonoros y proyectos de investigación del sonido en su entorno.
Formó parte de los proyectos del TGCMS Los espacios que habitamos y Rutas distantes – Resonancias cercanas.
rauldelmestre@gmail.com 
Sira

Sira Nassoko

De Estados Unidos de Norteamérica, estuvo de paso por Buenos Aires. Estudió música y computación en la Universidad Grinnell College en Iowa. En 2024 recibió la Beca Thomas J. Watson Fellowship para investigar la relación entre música, sonido e historias de violencia en otros países. Ese mismo año realizó investigaciones sonoras en Argentina, Finlandia, Reino Unido, Senegal, Ruanda.
Formó parte del proyecto del TGCMS Rutas distantes – Resonancias cercanas.
@sira.n02 sira.nassoko02@gmail.com
Camila

Camila Juárez

Investigadora y docente. Doctora en Historia y Teoría de las Artes y Licenciada en Artes por la Universidad de Buenos Aires (FFyL UBA). Trabaja sobre la historia cultural del sonido y la música experimental en Argentina. Ha publicado artículos en revistas especializadas y libros, y dicta cursos de grado y posgrado en diversas universidades.
Ciudad de Buenos Aires, Argentina.
Formó parte del proyecto del TGCMS Aguas abajo.
camilajuarezcossio@gmail.com
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Pablo Bas

Coordinador del Taller de grabaciones de campo y mapa sonoro (TGCMS) y de las actividades llevadas a cabo para la realización del Mapa Sonoro Isla Maciel.

 

Beca Formadores 2024 del Fondo Nacional de las Artes.